Crónicas de una artista incomprendida.

Día 1

Me despierto con ayuda de ruidos provocados por despertadores y alarmas varias.
No quiero levantarme, no quiero ir a trabajar. La maldita lluvia a la noche genera un deseo de atrincheramiento y no sé si ese deseo está bien en mi. No sé si está bien que otra vez me masturbe a pocos metros de los míos. De todos modos, lo suelo hacer pero no tan seguido. Esas agitaciones que se escuchan vienen de mi. Mi gato sospecha que algo sucede debajo de las sábanas, por eso se queda contemplándome en su silencio eterno. Observenme, qué patética me veo. Escuchen, esa es la agitación de la soledad. Qué fracaso. Se supone que durante la juventud estos fracasos no existen. Pero yo soy así. Hoy falleció Sábato, menos mal que nunca me gustó, sino ya estaría deprimida. Odio deprimirme, porque eso sí lo hago muy seguido. No creo recordar los motivos por los cuales me deprimo con facilidad, pero digamos que el llanto me genera una sensación de tranquilidad y bienestar total. La misma tranquilidad que produciría llegar temprano al trabajo, o llamar a tu pareja para saber cómo está y que ésta te confirme "todo bien". Ese es el llanto. Una descarga de tranquilidad incomprensible, una felicidad extraña que no logro entender. Pero otra vez me veo en el colectivo, yendo al exterminio de ideas para fichar todos los días una nueva dosis de esclavitud en mis venas, con olor a fuego arduo que hace cenizas mis ganas de vivir. Aquí otra vez, volví a trabajar.

3 nada más?:

ANTONIO C GiGi dijo...

Me gusta.....

Gineceo dijo...

Excelente

pensamientos dijo...

me ha gustado mucho, es algo interesante... y posiblemente más real de lo que creemos.