Crónicas de una artista incomprendida.

Día 2

El 103 agarra Avenida Belgrano derecho. No toma otra dirección. Yo me lo tomo en esa misma avenida para bajar en Puerto Madero. En esos instantes de viaje, estoy pendiente del obelisco. Desde chica siempre me pareció impresionante, por su altura y porque está ubicado precisamente en una de las avenidas más importantes de la provincia. Me gusta verlo desde diferentes perspectivas, con el cielo nublado, con estrellas, con marchas, como venga. Una vez le pusieron un preservativo enorme. Yo no lo vi, salvo en fotos. Tampoco imagino si lo destruyen, o si lo parten al medio. Algún día sucederá y ojalá pueda verlo en fotos únicamente. Ya no recuerdo cómo vi al hombre que me rompió el corazón. Recuerdo que siempre se me agitaba el pulso cuando pasaba por la esquina de su trabajo con el 103, y también estaba pendiente de aquél momento en el cual el colectivo se aproxime hacia aquélla esquina y él apareciera sorpresivamente. Pero eso jamás ocurría, ni ocurrió. De tantos años de noviazgo que tuvimos, casi siempre hacía ese recorrido y nunca lo veía. Siempre me gustaron sus multifacetas, sus formas de ser tan peculiares -porque una persona multifacética tiene muchas formas de ser, créase o no-, alegre, triste, enojado, enamorado, obsesivo con tal o cual otra cosa. Una vez me comentaron que lo habían visto con otra mujer en sus brazos, pero yo jamás lo vi así, ni siquiera en fotos. Tampoco logro imaginar la situación donde el daño estaba creándose.
Pasó mucho tiempo desde esa vez que me comentaron eso. Uno es libre de pensar lo que quiera, e incluso de creer o no. Hace pocos meses nos volvimos a encontrar. Sorpresivamente le comenté lo del 103 y la esquina de Perú. Se rió y me dijo "nunca trabajé ahí". Por primera vez, conocí la decepción. Hoy ya no estoy pendiente de esa esquina, ni mucho menos del obelisco.

Crónicas de una artista incomprendida.

Día 1

Me despierto con ayuda de ruidos provocados por despertadores y alarmas varias.
No quiero levantarme, no quiero ir a trabajar. La maldita lluvia a la noche genera un deseo de atrincheramiento y no sé si ese deseo está bien en mi. No sé si está bien que otra vez me masturbe a pocos metros de los míos. De todos modos, lo suelo hacer pero no tan seguido. Esas agitaciones que se escuchan vienen de mi. Mi gato sospecha que algo sucede debajo de las sábanas, por eso se queda contemplándome en su silencio eterno. Observenme, qué patética me veo. Escuchen, esa es la agitación de la soledad. Qué fracaso. Se supone que durante la juventud estos fracasos no existen. Pero yo soy así. Hoy falleció Sábato, menos mal que nunca me gustó, sino ya estaría deprimida. Odio deprimirme, porque eso sí lo hago muy seguido. No creo recordar los motivos por los cuales me deprimo con facilidad, pero digamos que el llanto me genera una sensación de tranquilidad y bienestar total. La misma tranquilidad que produciría llegar temprano al trabajo, o llamar a tu pareja para saber cómo está y que ésta te confirme "todo bien". Ese es el llanto. Una descarga de tranquilidad incomprensible, una felicidad extraña que no logro entender. Pero otra vez me veo en el colectivo, yendo al exterminio de ideas para fichar todos los días una nueva dosis de esclavitud en mis venas, con olor a fuego arduo que hace cenizas mis ganas de vivir. Aquí otra vez, volví a trabajar.

notas colectiveras - I

La sangre enjaulada;
rubia tentación que encadena el vuelo,
podría robar su candado o entrelazar sus barrotes;

Quisiera verla distante o encapsulada.

Qué rígido el sentido inverso de su magia.
Renta por lujuria dos horas de macabra obsesión de jugar;
su amarre crece en la medida que el sol ruge sus nubes aldeanas.

Los faroles gritan su quiebre de nostalgia

La medianoche busca más sangre encapsulada,
masticable y derrochada;
Qué vampírica sangre, qué calumniosa medianoche,
qué insano el deseo que me parte al querer pensar en la finura de tus partículas.

Duelen sus pies al elaborar una mentira y cubre su boca con el sabor de la verdad.

Oh no!
Esa maldita revolución acabará con lo que alguna vez intenté descifrar.
Liberense de la plebe y háganse soldados de libertad,
reclutemos sus mentes con estrofas de psicodelia y silbemos renacimiento
así como logró Barrett y Lennon

Proyecto Personal 1 - Tiene la Media Rajada

Princesa Pálida

Ojos verdes y unas pecas inconfundibles. Actualmente tiene cerca de veinte años, y se crió en una cueva absurda con sonrisas dibujadas y karmas que no hicieron
su viaje de vuelta. Ignoraba lo que podía ser la cruda realidad en sus primeras épocas de princesa pálida, y siempre aparecía en las fotos con una sonrisa viva y pícara.
Compartía esa cueva absurda con otras personas que solían ser padres y hermanas, aunque cuando se armaban las guerras y batallas interminables, sólo eran personas más, perjudicando un crecimiento sano. Y era el crecimiento de ella el que perjudicaban. En su cabeza solían haber gritos, en sus ojos verdes solían haber lágrimas que no encontraban otro lugar más que sus ojos. Era así como amanecía a las diez de la mañana, apretando fuerte ese peluche, evadiendo los insultos de la gran cueva que cambiaba de tamaño a medida que pasaban los meses.

El baño no lo usaba más que para ocultarse de los monstruos que la acechaban fuera de su cama. No temía esconderse debajo de la misma, ya que esos monstruos aparecían cuando el sol tocaba sus pelajes, y las lágrimas sólo aparecían cuando el gruñido de uno de estos aparecía latente en la punta de sus nudillos. A pesar de ser la única que estaba en ese cuarto de agua, se la veía sola, reflejándose a sí misma en un espejo borroso y rayado, y sus ojos verdes sobresaltaban sobre las rayaduras del mismo. ¿Quién podría acompañarla en esa soledad inconcebible? No hay alma que acobije el fruto de su tristeza, pero su peluche escuchaba los sollozos que ocultaba entre sus brazos, y las gotas saladas que caían de sus ojos se secaban solamente con las manos frías del abismo.

Pasaron años, y su vida se trasladó de edificio en edificio. De un barrio a otro. De San Telmo a Constitución, de allí a Once, y de Once otra vez a Constitución.
Dentro del camión de mudanza también llevaba una valija más cargando las penas armadas que cosechó a lo largo de su infancia. La adolescencia podría ser un cambio favorable, ya que la mitad de los monstruos que vivían en ella, habían desaparecido. Llevaba entre sus lunares la ilusión de volver a tener una cueva más ordenada, y poder llamarla hogar. Sin monstruos, pero con personas. Sin penas, pero con sonrisas verdaderas. Nunca entendí por qué su forma de ser tan servicial me llevó a pensar en que las criaturas de su pasado no eran más que proyecciones de una alucinación aceptada. Por ella y por mí.

Detrás de esa inescrupulosa aventura alcohólica, se generó un desamparo entre ella y su yo más cercano. El odio que se generó en esa fecha fue tal que hasta el día de hoy quedan cenizas de aquella empastillada infernal. Se creía una reina al emanar alcohol de sus venas y convertirlas en ácido gritón, pero no se daba cuenta de los tambaleos ni del escurridizo discurso que solía darme cuando yo la tenía cerca los fines de semana. Así conoció la noche, y el alcohol. Rodeada de pares festejando la fechoría -que en ese entonces creíamos tan vivaz- tomó conciencia de su estado y no regresó jamás a ese deseo de querer ser parte de la cueva absurda de palabras encerradas e insultos como relojes que te despiertan de un salto en mitad de la madrugada.

Hoy, me reencuentro con ella a tomar una cerveza, me muestra las viejas fotos del recorrido vital, y encuentro entre esas sonrisas, la princesa pálida de ojos verdes que solía ser, aunque me lo negara. Me presenta a la persona que eligió para ser su amado, y con una ilusión nueva entre las pestañas me vuelve a contar detalles que no podría gritar en un desierto. Se le rajó la media en medio de la noche, se le rajó la media a la mitad de una discusión, se le rajó la media por culpa de esa última botella de whisky, se le rajó la media intentando esquivar con ebridad aquel poste a los 15 años, se le rajó la media al querer ser diva y dejarse las uñas largas.

-¿Qué pasó con ese peluche remendado?
-Lo tengo todavía ahi, guardado, pero ya no lo saco a la luz, porque es parte del pasado.

CHE, BOLUDO!



Es increíble la capacidad que tenés, joven argentino, para hacerte el BOLUDO.

Pero hoy en día, quién no tiene esa capacidad: NO EXISTE.

Es increíble como no te queres meter en nada. A veces desconcierta la falta de humanidad que recae entre tus actos. Si un colectivero no quiere acercarse a la vereda para que un
anciano que, a duras penas puede mover la cadera acceda al vehículo, te quedas callado,
miras con complicidades al resto de los pasajeros, porque sabes que en esa mirada decis "es un hijo de puta, hay que hacer algo"

y sin embargo, no lo haces!

PEOR SI TE METES!

Te tildan de metido, te miran raro, o simplemente, se hacen los boludos.

Pero cuando te pasa a VOS, si, a VOS que estás leyendo esta entrada, a vos, que te boludean con el cambio de
100 pesos que hiciste, a vos, que no te pasan las monedas por la maquina del bondi y el colectivero no hace nada,
a vos, que cuando tu mujer esta embarazada y se sube al subte repleto de gente nadie le da el asiento, a vos,
que ibas contento con tu celular ultimo modelo hablando con tu novia por la calle y te lo manotean de atrás y el cana
de la otra esquina no hace nada; CUANDO TE PASA A VOS; ahi te enojas, ahi te enfureces con el mundo,
querés pegar tiros al viento y que le caiga a todo aquél que se hizo el boludo, decis "la proxima voy a hacer
lo posible para que no le pase a otro" para quedar como un superheroe soberbio y de cuarta, solo por querer
marcar la diferencia.

Y lo que te quiero decir con todo esto, es que yo también muchas veces me hago la boluda. Claro, hoy escribo
esta entrada, pero no te creas que soy la que marca la diferencia. No te creas que cuando me encajan monedas falsas
en el bondi armo lío para que me las cambien, no te creas que digo en el subte "un asiento para la señora embarazada,
por favor?", no te creas que lo cago a puteadas al chofer del 41 cuando no quiere pararle al viejito de bastón,
no te creas que le digo al cana de la otra esquina que aquél chorrito vestido de adidas te manoteó el celular.

NO, OLVIDATE.

¿PARA QUE?
¿PARA QUE ME TILDEN DE METIDA, ME MIREN RARO Y SE HAGAN LOS BOLUDOS?

Yo soy argentina, loco!
me voy antes de que el azúcar sea otro ingrediente para el veneno
Esto fue lo que no te dije cuando corté el teléfono aquel 2008:

-Me voy a poner esas ropas negras, que tanto odias, pero no para que te enojes, sino porque... me gustan, y me siento cómoda usando esa ropa negra que tanto odias. Ah, también voy a llevar la cámara, para sacarte fotos... aunque también recordé que odiabas que te sacara fotos, pero no la llevo para que te enojes, sino porque... me gusta mucho sacarte fotos, por el simple hecho de tener imágenes tuyas guardadas. Agrego también que voy a tener los auriculares colgando, pero sé que te molestan, porque pensas que en cualquier momento me voy a aburrir de vos, y me voy a poner a escuchar música, pero no... no es así, los llevo porque sé que va a haber algún tema que quiero que conozcas, o sino debe ser alguno que me hizo acordar a vos. No voy a usar el anillo que me regalaste, porque seguro que me lo voy a olvidar en la pileta del baño, y te vas a enojar porque vas a pensar que estuve haciendo cualquiera, pero no... porque para verte me higienizo bien, y uso ese perfume que me regaló ese ex, pero porque me gusta usarlo, no porque lo recuerde.
Te enojás mucho conmigo, ultimamente... asi que debería ser más cuidadosa con lo que digo. Pero a pesar de todo, te quise tanto. Tanto tanto.

Ellos

Mirando la noche a través de un nítido vidrio, envuelto en gotas de vino,
notando un espejismo alrededor de la fila barata de gente, entrando al carnaval del sucio y rancio barrio Palermo,
se escuchan los malestares de la vejez andante, que ya no puede compartir esos años, de poca democracia
y religión imberbe.

Alzando la reliquia que tenía entre las venas, escurriendo el licor que se había metido entre los glóbulos rojos.
En una era, donde el mensaje de texto estremece más que el susurro caliente en la oreja, donde la borrachera y el vómito
amarillo destruyen el organismo más rápido que un cáncer linfático.
En una era, donde el telegrama de hojas viejas y amarillas se pierden más rápido que la tristeza ahogada en vinos baratos.
La era, donde el fin del mundo se hace más latente y el calor del sol quema más rápido que la llama de fuego que tenés encendida en la cocina,
donde las gaviotas ya no pasan por arriba de tu cabeza y se van a otro país, porque tu planeta es un asco y tu vida también.

Incluso las ramas de los viejos árboles se quejan de vos.
De vos y de tu borrachera. De tu borrachera y de tu drogadicción. De tu drogadicción y de tu arrogancia.
El pase libre de quejas lo vendiste hace mucho, y ahora, te quedaste con los bolsillos vacíos. Cargando una pistola de balas muertas,
en medio del abismo... apuntando a la nada que te recrimina, que no cambiaste las balas viejas.

¡Y que el abismo de la perdición está tan cerca tuyo no es noticia!
Se levantan de la cama con los labios negros corridos por la pintura de la semana pasada, cuando la fiesta era divertida.
Y hoy... hoy te quejás, y se quejan. Hoy te aburrís, y se divierten. Ellos, la vejez. Vos, la juventud.
Vos contra el agujero negro de la soledad. Ellos contra vos. Vos contra el culo de la cima más elevada. Ellos contra vos.
Ellos, que te dieron la vida y vos la arruinás, con laureles quemados, con patria herida y sangrante. Con imperialismo comprado,
e ignorancia retenida. Ellos, que hoy, se quejan de vos.

BAB (Buenos Aires Bipolar)



oh gente,
qué triste se ve buenos aires,
a la derecha un árbol empinado
lleno de marchitas esperanzas,
allá, arriba, si, en el cielo,
gris, cubierto, sin nada más

oh capital,
qué triste se ve la gente,
con modales apagados,
miradas perdidas,
allá, arriba, las gotas vienen,
a la izquierda, el olor a tóxico,
el olor a trabajo, el olor a gente,
gente triste

oh ciudad,
oh magia, no existe,
estrellas? hoy no, no existen,
ayer el sol me quemaba,
y hoy, mi capital, está bipolar

las ruinas de las baldosas,
cuánta soledad ocultan debajo,
cuánta historia y tierra sucia,
enfermedad oculta, triste,

cómo sonreías cuando decías
que buenos aires era inmenso
lleno de oportunidades
y que ibas a volver,
cómo sonreías cuando decías
que este era tu amor,
cómo sonreías cuando el grisáceo cielo
se volvía brillante,

oh buenos aires, ya no te quiero

si te viera pasar por acá
alguien como Gardel
o Tita Merello
que dedicaron su vida a describirte,
dirían lo mismo que yo,

oh buenos aires ya no te quiero

qué triste te ves
vestida de gris y sin brillos,
qué sola te ves
caminando por ese desierto,
qué mal te ves
yendo hacia la perdición,

oh buenos aires, buenos aires, qué ha pasado?

Otra vez, vuelan los lujos.




* La suerte ronca su música

y se convierte en pausa

para arrullar las aves

en puesta de sol europea.

* Las fuerzas intermoleculares

sí, otra vez, quieren entrar

al arte iluso de la fe

¿nuevamente una fantasía?

* Que mi tacto te queme

no es novedad ajena,

que el sonido de las aguas

robe mis alas, tampoco lo es.

* Un elefante blanco

pensándolo... construyéndolo...

una patada en el pecho,

se reabren los infinitos.


ilusión

~ alelíes


-dame flores


-otra vez

~los lujos




vuelan.

El enredo de los mundos

Clave del cuento: así como Cortázar lo hizo con Señorita Cora, este relato tiene una técnica que yo misma denominé “multinarrador”.


La conocí en Enero. En pleno verano del 2010. Todos se iban de viaje, excepto yo, quedándome solo en las paredes del departamentito que tenía en San Cristóbal. No era tan departamentito, que yo recuerde, pero vivía con mis padres, y mi hermano. También tengo una hermana, que hacía poco se había mudado a lo del pelotudo de su novio. Era verano, tenía unas vacaciones un tanto cortas, ya que a fines de Febrero volvería a la facultad, por lo tanto, el tiempo que podía gastar era lo suficiente como para conocer gente nueva, o reencontrarme con viejas amistades de la secundaria, que, a decir verdad, no eran tan viejas. Y ahí fue cuando empezó todo, cuando me habló Augusto vía Messenger. ¡Lo que menos iba a pensar era que iba a caer con un amigo!. Hacía semanas que Augusto me había prometido pasar una tarde, sólo él y yo. Me había puesto uno de los mejores vestidos veraniegos que tenía, sólo para sorprenderlo y el señorito, estaba con su amigo, ahí. Los dos, sin importarles nada. Por supuesto que estuve callada, ya que siempre tuve la costumbre de ser tímida. No por elección, sino porque me sale en el momento. Se miraron apenas ella entró a la casa, y Ramiro sólo la miró superficialmente, nunca pensé que iba a ser tan profunda esa mirada, así que ni me preocupé. Agarramos las guitarras, y empezamos a crear magia con mi amigo, mientras Verónica jugaba con Amelie, mi hermosa siberiana. Pasó la tarde y cayó la noche. Verónica estaba a cargo de su casa, por eso podía quedarse en lo de Augusto sin ningún problema. Era menor de edad (tenía 17 años) y todavía tenía ciertas reglas que cumplir, pero esta vez, hizo su vida a su antojo, ya que su familia estaba de viaje en Córdoba y Tucumán. Se había cortado la luz, me acuerdo, y de casualidad, cayó su amigo Rodrigo. Y éramos en total cuatro personas en la casa de Augusto. Rodrigo y él estaban en la suya, contándose hazañas de drogones, y yo, despilfarrando todo el conocimiento y compartiéndolo con ella, que también tenía mucho por compartir. Y me resultó un caballero, así es. Cenamos los cuatro juntos, y Ramiro se ofreció a servirme una porción de la cena. Augusto se quedó en la suya. Mucho no le importaba que Ramiro tenga ciertos comportamientos con su novia. Me regaló una visión de él que nunca había conocido en otra persona. Y eso me pasa por creer tan rápido en las personas, por hacer de cuenta que soy nueva en este mundo y dejarme sorprender. Se veían tan naturales, ella estaba impresionada, e incluso se le escapaba alguna comparación estúpida como las que suele hacer seguido, pero lo pasaba por alto. Al día siguiente, Verónica me cuenta que Ramiro la siguió en varios sitios que tiene en internet. Ese fue el primer punto que no me gustó de él, ni mucho menos de ella, en aceptar ciegamente que él la siga, que pueda ver su transparencia y sus debilidades tan fácilmente. Y todo lo que ella escribía en cierta forma me parecía algo usual, o quizás, algo que ya antes había recorrido, pero sentía que era necesario meterme entre esas vidas. Y fue así que la convencí de mi nobleza leyendo cada uno de sus escritos, y hasta me pasaba los inéditos pidiéndome alguna opinión. Tomaba una postura de profesional y le sugería cosas, como para que se deje llevar más por el juego. Le abrí las puertas a mi mundo de imaginación que no termina, a mi locura y obsesión de ser reconocida en las artes. Se aprovechó de mi situación con Augusto, que no era la mejor en ese entonces, le conté mis problemas que tenía con él, y hasta incluso le instruí en las artes de la pintura, le transmití absurdamente todo lo que yo sabía de mi debilidad. Claro que es muy fácil ganarse la confianza de una mujer dolida, y mucho más si se trata de Verónica, que cuando está mal intenta sacar esa tristeza como sea. No creía posible que ella pudiera caer tan fácilmente en las garras de cualquiera, y mucho menos en las de Ramiro. Contaba con las herramientas justas para que Verónica sea mía, y hacer que Augusto logre odiarme y dejarme atrás para nunca más hablarme. Su amistad no era la más valorada en mi vida, así que no me importaba quedarme con su novia y con su odio. Verónica tenía el pelo rojo, unas piernas que formaban un generoso trasero, y un peso de pluma seductor. Era una linda chica. Me parecía un lindo muchacho al principio, pero luego, las palabras formaron otra imagen física que me hizo creer que era tan horrible. Augusto me parecía un poroto al lado de él, y cómo me arrepiento de todo, cómo lastimé al pobre Augus... pasan los días y aún me odio por ello, por cómo me animé a destruir lo que habíamos armado juntos, poco a poco, y sin tapujos. Fue aquél día cuando me enteré por la hermana de Rodrigo que Verónica se paseaba de la mano con mi amigo Ramiro. Caminaban por las calles de Almagro como dos enamorados de hace años, sin ningún problema, sin importarles que estaba yo en el medio, que había un amigo y un novio traicionado, que todo lo que yo sentía no importaba para ellos, que Ramiro pudo seducirla en tan poco tiempo, y a mi me había costado meses llegar a su corazón, que pudo llegar a sus labios en tan pocas semanas, y yo tuve que esperar el doble de esas semanas para rozar sus mejillas. No lograba entender cómo hizo para abrazarla en tan poco tiempo, ni mucho menos, para compartir esas aventuras culturales que conmigo no se atrevía a compartir. Logré besarla con timidez, logré abrazar su cintura, logré que sintiera aquello que pensaba que había perdido, logré darle lo que Augusto dejó de brindarle por elección de sus amigos. Me sentí querida, me sentí especial, me sentí deseada. Sentía que me daba todo lo que Augusto ya no me quería dar. Me armé una hermosa ilusión, pero me estaba olvidando de Augusto, me estaba olvidando de nuestra relación con tantos problemas.
Ni bien Luciana le contó a Rodrigo lo que vio, me lo contó a mí. Y no sé si fue por suerte ó desgracia, pero ese mensaje que llegó de Luciana lo leí antes que Rodrigo. Nos miramos y no dudamos en ir a la casa de Verónica. Nos atendió Paula, su hermanita de 8 años, y no quería decirnos donde estaba, porque sabía que Verónica “estaba haciendo algo mal”. La esperamos y ahí llegó ella sola, haciéndose la boluda, cantando en un francés que sólo ella entiende. Estaba Augusto en la puerta de mi casa con Rodrigo, preguntándome dónde había estado toda la tarde. Intenté mentir diciendo que estaba con Lucía, pero era obvio que Luciana le había contado la verdad (por cierto, ella me odia, era justo y demasiado obvio) y me rendí ante sus ojos contándole la verdad. Que habíamos ido al Borges, que Steve McCurry nos sacó una foto, que fuimos a Starbucks, que hablamos de un futuro imaginario, que nos habíamos despedido definitivamente. Le mintió. Bah, en realidad, entre los dos le mentimos a Augusto para seguir en contacto como lo veníamos haciendo. “No quiero perder contacto con vos, Rami... ¿Qué podemos hacer?” Decía casi llorando. “Decile que nos despedimos hoy, y que nos vamos a borrar de todos lados, pero seguimos por Messenger” atiné a responderle. Le creí. Siempre fui un iluso en ese sentido. Aunque me esté diciendo cosas horribles, siempre voy a caer en sus ojos, y no me va a importar, porque realmente la amaba. Me mintió, y lo descubrí, porque volvieron a salir juntos. Esa noche que la encontré llena de besos ajenos, quería dejarla, pero fue imposible, porque caí en su mirada, una vez más. Y yo seguía viéndolo, claro. Seguía seduciéndome, y la verdad, fue que el juego prohibido de los encuentros a escondidas nos daba más entusiasmo. Pero no nos dábamos cuenta de que estábamos jugando con una persona, la cual yo decía amar. El amor es una total porquería, y siempre lo dije. Me gustó ser miserable, me gustó arruinar la vida de dos personas, y jugar con las dos al mismo tiempo. Creyó que la amaba, creyó que la iba a amar siempre, que estaba loco por ella, que íbamos a estar juntos algún día. Creyó todas las mentiras que le dije, pero ella se adelantó a mis pasos. Se quedó conmigo, por supuesto. Su consciencia explotaba poco a poco, y no pudo con la carga. Se dio cuenta de su error, se dio cuenta de lo mal que me hacían todos sus actos, y me confesó todo. Le confesé todo lo que había pasado. Lloré toda esa noche a su lado, me entregué a una total paz y me abrazó. Le dije que nunca sentí nada por Rami, que todo fue una boludez. Y en eso fui sincera. En todo fui sincera. Me salió mal, debo admitir. Quise quedarme con Verónica, para luego darle una patada en el culo, por haberlo cagado a Augusto, por haberse comportado como una triste mujerzuela. Pero demostró tener alma y rehacer su vida con Augusto. Haberla perdonado fue una de las mejores cosas que pude haber hecho en este tiempo. Dicen que errar es humano y perdonar es divino. La vi muy arrepentida de lo que hizo, y no dudé en abrazarla, en contener su dolor y hacerlo desaparecer. “No pasa nada, Vero... realmente quedé dolido después de esta confesión, pero ya fue todo... si realmente estás arrepentida, podemos intentarlo una vez más” me susurró Augusto en ese abrazo que pareció eterno. Nos besamos como nunca, y prometimos nunca más, pero nunca más, hacernos esa clase de daño. Y hoy hace un año que pasó esto, y los odio. Odio que sean tan felices. Odio que se hayan perdonado. Odio que estén tan enamorados. Pero los admiro. Conocen al amor mejor que nadie. Descubrí que el amor es algo inquebrantable, y que por más factores que interfieran, si existe entre dos personas, es un arma letal. Pensaba que no existían los amores así, pero siempre van a haber miles de Augustos y Verónicas escondidos por ahí, que intentan armar amor y no se dan cuenta, hasta que piensan que lo van a perder e intentan recuperarlo.

Un dolor, un quejido, una alucinación... si juntáramos los tres conceptos, termina dando el mismo resultado. Siempre.





Las horas corren, lento, pero corren.

El tren avanza y la masa lo sigue, sin saber qué sigue después del túnel, confiando en el destino,
en que el maquinista no es un psicótico, no es un loquito que se pudo haber dado con cualquier sustancia antes de subirse a la locomotora.

El interior esclarece más el espacio que me pertenecía. La represión de lo imperceptible se volvía fugaz.
La masa seguía moviéndose, avanzando hacia un pedazo de metal andante. Preferían llegar cómodamente a destino, en lugar de caminar por la
jungla desierta de los barrios que forman la Avenida 9 de Julio.

El temblor movía los azulejos maltrechos, y la masa, los pisaba, sin dudar y sin cuidado. Con la cabeza baja en alguna inquietud personal.
Pero después de todo, cada inquietud es un pase libre al desarmadero de conciencia. Una inquietud, un problema, un dilema, la mierda que fuere, es lo que da pie a este existencialismo barato.

Al lado mío estaba éso. Una persona rubia, ojos verdes, un hombre aparentemente. Aspecto de extranjero, con un libro de autoayuda, o alguna de esas porquerías que leen la mayoría de los de este siglo. Yo seguía prendida en mi lectura de Enrique Symns, pero me distraía esa presencia que por dentro quería que echara un vistazo. Cerré el libro con aires de agotamiento. Me apoye sobre la pared del subte de Independencia.
Lo miré a los ojos, y él a mi. Suspiramos, y me dijo algo así como "too much work today?".

"Yeah, something else" solté. Nuevamente, con aires de agotamiento, volví la mirada hacia "El Señor de los Venenos".
Volvío el pedazo de metal andante llamado tren subterráneo. Esta vez no estaba lleno. Ojos Verdes estaba detrás mío, y subió al mismo
andén que yo. El se sentó. Yo me infiltré entre una esquina de la locomotora. Miraba el piso, y él, leía su libro de autoayuda.

Pasaron las ocho estaciones, y buscaba alguna otra respuesta a ese raro comportamiento de Ojos Verdes.
Nadie que no me conociera pudo adivinar el sutil suspiro que significaba cansancio laboral. El primer suspiro de esa índole lo percibió ese extranjero que hoy bauticé como Ojos Verdes.

Me bajé en Miserere, como siempre. Ojos Verdes siguió su trecho con el libro ese de Coelho. "Nadie se cruza en tu vida por azar" se llamaba.
Combiné con la línea H hacia mi casa. Y en el subir y bajar de escaleras pensaba que esos ojos por instantes fueron míos, o fueron únicamente del azar, o quizás, fueron de mi cansancio. Esos ojos tenían que viajar conmigo por algo.

Así fue cuando el mundo cayó entre mi sien, y descubrí que no todo estaba bien en mi vida.
Racionalicé situaciones que no tuve tiempo de analizar durante la semana. Me detuve un momento a mirar la estación.
Se me cayó la cartera y las hojas del libro roto de mi amigo se desparramaron.

Una inescrupulosa lágrima cayó por debajo de mis lentes, y entendí en ese momento, que me acechó la tristeza. Hasta hoy.

Soy un asco dibujando!



Si, disculpen, vuelvo en unas semanas! Les dejo un tema PUNK!

Impotencia al cuadrado


Me levanté hace una semana

con los ojos de siempre,

uso lentes y no me quejo,

la temperatura era natural.

El lunes no podía hablar,

no podía comer

todas esas porquerías

que tanto me encantaban.

El martes mis ojos eran otros,

mi pelo no era más

que un nido de pájaros molestos

rabiosos y enojados.

El miércoles

ya tenía la mitad del cuerpo pinchado,

mis codiciadas piernas

se transformaron en fósforos quebradizos.

Al jueves llegué,

con el llanto y la bronca,

con el odio y el herpes

cubriéndome media boca.

Finalmente, viernes

ya mi cuerpo parecía el de una morsa,

no por la masa corporal en exceso,

sino por lo que tuve que reposar.

La inutilidad y la impotencia

se llevaron de a poco los restos

de un ser que solía correr

y respirar.

Pero la agonía no era esa

eso no era sufrir,

y me preguntaba en silencio

"¿Si yo no le hice nada a nadie

como es posible que tenga que soportar

todo ese dolor físico tan innecesario?"

En lugar de ir al hospital

prefería ir a sacar un turno

para el deceso, si,

pero acá estoy todavía...

Tomando antibióticos,

enfrentándome al otoño,

al clima, a los dolores,

y a la condena de ser humana.


[escuchate esta mientras lees esa mierda]



I
Perdí mi escencia, hoy.
Sujeté con fuerzas,
cerré mis poros,
pero aún así, la perdí.

II
Volé y navegué
por distancias y sentires,
por auges y alpes,
y aún así, la perdí.

III
Nadé entre ríos,
entre lágrimas,
entre espesos sueños,
y aún así, la perdí.

IV
Busqué entre los ojos
de un ilusionista,
pero me recomendó
abandonar la búsqueda.

V
Busqué en la vestimenta
de un esquizofrénico artista,
pero no la encontré,
no la encontré.

VI
Busqué adentro de la arena
de un habitado desierto
rasgado y foraneo,
pero aún así, la perdí.

VII
Cansada de buscar,
cansada de recorrer,
me prendí el último cigarro
que se había mojado.

VIII
Y finalmente
al buscar fuego...
Encontré mi escencia!
pero lo que ahora perdí
fue mi fuego.

y aún así, lo perdí ~




Fue tan impertinente,
tan casual,
tan en el blanco y negro abismo...
y resultó muy acertado.

Resultó que tu perfume
lo llevaba una persona en la calle,
y cuando me pasó por al lado
pude sentirlo otra vez

Y fue inevitable que me pierda
entre los cielos que viví
unos años atrás,
unas primaveras pequeñas.

Leí una vez que los sueños duran segundos
y si despertás recordás vagas escenas,
pero esto fue distinto,
fueron segundos de un sueño
que parecieron eternos

Y no fueron vagas
las escenas que recordé,
fue como vivirlo
en ese mismo instante,
en ese mismo año.

Cuando quise acordar
ya estaba en la puerta de mi casa,
el viaje de vuelta fue mas corto
recordando tu viejo perfume
que se impregnaba fácilmente en mi piel.



Suena el apogeo tortuoso,
la lucidez castrada en suero,
el silencio marchito
que saboreó el intento señil
de colorear el fruto prohibido,
picante y rojizo,
latente y tortuoso,
como aquél apogeo
y como aquella lucidez
castrada en suero.

Nunca tuve la suficiente voluntad
de rehacer el ego agitado
y deslumbrar el presente
con cartas quemadas
y ases envueltos de fe.

El surtido género
que hoy reclama libertad
no son más que las frases impuras
buscando dónde estacionar
y dónde renacer.

La única evidencia
que tengo de ese fuego perdido
son los calores
que me genero el instinto.




NOTA: LES DIJE QUE LOS IBA SORPRENDER! SE LOS DIJE! :)
Victoria posee FLICKR

Mein entschuldigen Sie sich

Nada más...

Soy un ser humano común ~




No necesito robarle ideas al ajeno,
no necesito manifestar sentimientos,
no me interesa ser escuchada
ni tampoco llamar la atención.

No quiero caer en vicios,
no quiero ser parte de tu genocidio,
tampoco quiero que tu bacteria
recorra mi sangre.

Entre mentirle al mundo
diciendo que soy un ser humano común
y gritando lo verídico
de mi locura

Prefiero beber estas mentiras
y dejar que el mundo
emana lo poco común que queda de mí
bajo estos techos
que también finjen ser angelicales

Pero no

Dicen la estupidez
de que la mentira tiene patas cortas,
siempre elegí cambiar drásticamente
el sentido a todo,
y prefiero cortarle las patas a la mentira
y tirárselas al diablo para que las pise.

También elegí ir en conta de todo,
del mundo, de la gente,
de lo que suele ser común,
ir en contra de todo, todo, todo.

También elegí muchas veces esperar,
o dejar de hacerlo con soledad,
dejar que los pensamientos ajenos
sean profanados
para después nunca más encontrarle
un sentido común, común.


y a veces me canso de ser tan común...

ESCUCHAME ACÁ
Tema de fondo: Eli Kazah - Return Home [Buddha Sounds I]

Cruel Ambivalencia ~


El iluso sacrificio de bondad
reencarna en la tristeza del alma,
en los ojos apagados,
y la sonrisa casta que prevalece
en este sucio surrealismo.

La profundidad del ser,
la irremediable seriedad del poder emancipado,
la cruel bestialidad de la virginidad
insultada y sospechada
guarda juicio hasta la próxima vez
que se vean las partes ~

La maldita distancia
siembra dudas, como siempre,
y más esta noche, que andarás entretenido
por ahí.

Leyendo y releyendo tus obras,
me dan ganas de acobijar tu frialdad,
y suprimir tu tragedia:
quiero ser la Victoria que todas tus batallas
anhelaron incansablemente.

Qué poco fue lo que nos condujo
a este ramo de nuevos sentidos,
qué cruel ambivalencia nos tansportó
a lo que hoy somos y aparentamos.


~ A veces tengo ganas de gritarle a este maldito destino porqué justo de vos me tuve que enamorar.



Sh, no digas nada, Ácido. Sé que me enamoré de un personaje


PERO...


~ abrazame fuerte, fuerte... Ácido.